Extraña costumbre es ésta de convertir en llanos los nombres propios agudos. El Míguel, el Jose, el Dávid y el Jesus son los más habituales. Y siempre con ese artículo delante tan molesto y tan inútil. Sebastián, como es demasiado largo, se queda en el Sebas.
Con los nombres de mujer no ocurre lo mismo. Todo consiste en dejarlos en dos sílabas y acabarlos en i. Nos quedamos entonces con la Yoli, la Susi o la Pili.
Y no podía faltar un nombre que tiene su propia transformación, sin seguir regla alguna: Grabiel.
... y siempre precedidos de artículo: el fulano o la zutana. También a las putas, las marquesas y los caballos siempre se refiere uno utilizando el artículo: la Yesica, la Villaverde, el Marismeño... ah, el idioma!
ResponderEliminar¿El Marismeño era un caballo o un cantante adicto al mismo?
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