Escribid esto en el buscador de Google y veréis la cantidad de anuncios que hay en los que venden bicicletas de montaña mountain bike, como si la mountain bike fuese una bicicleta de montaña distinta o especial. Seguro que incluso es más cara que la normal. Y es que darle un toque anglo a las cosas da cierto caché.
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martes, 31 de enero de 2012
miércoles, 25 de enero de 2012
La paella y la paellera
Jamás pido paella en un restaurante, ni siquiera en una arrocería. En tierras valencianas sí, pero sólo si algún autóctono me ha dado referencias del local. ¿Por qué? Pues porque es habitual que el arroz esté pasado y porque lo que sirven suele ser cualquier cosa menos paella.
La paella, para empezar, es el recipiente en el que se cocina el arroz. Recipiente que con el tiempo ha pasado a llamarse paellera, porque el contenido ha usurpado el nombre al continente. Y después, diferentes variantes arroceras han quitado ese mismo nombre al famoso plato valenciano, y en vez de conejo, pollo, garrofones y mis queridos caracoles, el arroz viene acompañado de cualquier cosa, incluso de marisco.
Hay que desconfiar de los restaurantes que sirven paella mixta. Si no saben ni cómo se llama el plato, ¿estás seguro de que lo sabrán cocinar?
De pies
Aunque casi todos tengamos dos, uno se ha de poner de pie o en pie, no de pies. Y mucho menos de pieses, que también lo he oído en alguna ocasión
lunes, 23 de enero de 2012
Oír y escuchar
Una locutora de radio bastante pedante se refirió el otro día a sus oyentes como escuchantes. Partió de la base la susodicha de que la gente estaba en sus casas o en sus coches pendiente de la radio, sin hacer ninguna otra cosa.
La diferencia entre oír y escuchar es la misma que existe entre ver y mirar: la atención que se presta.
domingo, 22 de enero de 2012
Versionear y barajear
Resulta imposible crear verbos nuevos utilizando la segunda y tercera conjugación (los terminados en –er y en -ir). De manera natural, todas las formaciones nuevas las creamos utilizando la primera conjugación (-ar). Pero existe una extraña costumbre consistente en conjugarla con el sufijo –ear en vez de –ar. Y así, se versionean las canciones y se barajean las cartas en vez de versionar unas y barajar las otras.
jueves, 19 de enero de 2012
Minutos de descuento
Pocos son los partidos de fútbol en los que no se añaden algunos minutos al final para compensar el tiempo perdido. Pero eso lo sabemos nosotros, los que conocemos algo las normas. Porque los locutores, la mayoría de ellos al menos, suelen informarnos de que en tal o cual partido el árbitro ha señalado cuatro minutos de descuento. Repito que algo de esto sabemos, así que entendemos que se van a jugar 94 minutos y no 86, como realmente nos están diciendo. Porque esos cuatro minutos se van a añadir, no a descontar.
En fin, que sigo sin saber por qué tenemos que aguantar a los locutores, a esos tipos que nos cuentan lo que ya estamos viendo. Es como si en las películas hubiera un tipo contándonos el argumento.
miércoles, 18 de enero de 2012
Me destornillo
Ay, que me destornillo. Pues yo lo que hago es desternillarme cuando alguien se destornilla de risa. Porque lo que yo tengo en el cuerpo son ternillas (o cartílagos), no tornillos.
martes, 17 de enero de 2012
Edredoning
Para suicidarse. El sufijo anglosajón –ing, con la que se forma el gerundio, causa furor entre los pateadores de la lengua. Alguna malformación, como puenting, lamentablemente parece que ya no tiene marcha atrás, por mucho que la Academia insista con puentismo.
lunes, 16 de enero de 2012
El Bilbao
Sí, el Bilbao. Así es como se refieren por el centro de España al gran Athletic Club. Y no solamente lo hacen los aficionados, qué va, también agunos locutores se ceban con la aberración. Lo curioso es que no dicen el Gijón, el Santander o el Coruña cuando hablan del Sporting, el Racing o el Deportivo. A estos sí les respetan su nombre.
Parece que cuesta trabajo decir Athletic, así, a secas, pues antes de la moda de decir el Bilbao estuvo la del Atlético de Bilbao, españolizando el nombre. ¿Por qué no se referían al Sporting como Deportivo de Gijón?
miércoles, 11 de enero de 2012
El olor de multitud
Ya sabemos que el olor de una multitud tiende a ser, digamos, fuerte, pero tampoco es necesario proclamarlo a los cuatro vientos ni recibir así a nadie. Una cosa es olor de santidad y otra, olor de multitud.
Asegura Lázaro Carreter en uno de sus dardos que tampoco es correcta la expresión en loor de multitud, de la que siempre se ha asegurado que proviene este giro. Dice el académico que éste fue posterior, que la loa vino tras el olor, intentando corregir lo que parecía un error.
lunes, 9 de enero de 2012
Hernia de diato
Me está matando la dicho hernia de hiato. Y, como soy de natural quejica, se lo voy contando a todo el que me cruzo en el camino. Parece ser que soy el único que la sufre, pues no son pocos los que me comentan que ellos lo que tienen es hernia de diato.
Voy al Corte Inglés
Voy al Corte Inglés
Todos conocemos y utilizamos las contracciones. Decimos y escribimos voy al (a el) trabajo y vengo del (de el) trabajo. El que lo tenga, claro. Pero como todas las reglas, ésta también tiene su excepción: los nombres propios que comiencen por el artículo el lo mantienen intacto. Así que iremos, si nos apetece, a El Corte Inglés y no al Corte Inglés, y a El Casar y no al Casar.
Y hablando de El Corte Inglés… ¿cuántas veces oímos que tal o cual producto lo venden en Los Cortes Ingleses?
domingo, 8 de enero de 2012
Han habido
La concordancia entre sujeto y predicado es fácil si se tiene claro cuál es el sujeto. Han habido dos terremotos esta noche es frase común entre niños y catalanes, los unos por ignorancia y los otros por la traducción simultánea que realizan del catalán al español. Piensan, supongo, que dos terremotos es el sujeto y, por tanto, el verbo debe ir en plural.
sábado, 7 de enero de 2012
Leísmos, laísmos y loísmos
Llegamos a la parte más aburrida y que siempre nos han enseñado de una manera harto complicada. Por eso, supongo, seguimos fallando.
Los pronombres le y les sólo pueden ser utilizados como complemento indirecto. Si quiero pedir un favor a una amiga diré que le pediré un favor. En este caso, le funciona como complemento indirecto. El error aparece cuando ese le lo tomamos como complemento directo y entonces lo cambiamos por la; es entonces cuando caemos en el laísmo: la pediré un favor.
Porque la, las, lo y los actúan siempre como complemento directo. Vamos con el leísmo: Me he comprado un reloj, aunque todavía no me le he puesto. Como es complemento directo (el pronombre substituye a reloj) tendremos que decir que todavía no me lo he puesto.
Y nos queda el loísmo. Sé que Jaime estuvo por aquí, pero yo no lo vi. Error, ya que es complemento indirecto: yo no le vi.
viernes, 6 de enero de 2012
Ambos dos
El término ambos se refiere siempre a dos personas o cosas a las que ya se ha hecho referencia anteriormente, así que sobra la redundancia. Y la patada.
jueves, 5 de enero de 2012
Homosexuales y lesbianas
¿Son homosexuales las lesbianas? Sí, porque la homosexualidad es la relación erótica con individuos del mismo sexo (la RAE no especifica con cuántos). Porque en este caso, el prefijo homo- equivale a igual, no a hombre. Queda claro entonces que al decir homosexuales ya estamos incluyendo a las lesbianas.
Y de aquí derivamos a la homofobia, palabra que algún tonto pensante nos ha endilgado. ¿Fobia a los iguales o fobia a los hombres?
miércoles, 4 de enero de 2012
Camina por la cera
Seguro que todos nos acordamos de aquellas personas mayores que nos hablaban de la amoto y la arradio (o el amoto y el arradio, porque acababan en o y, por lógica, eran de género masculino). Añadían una a a esas palabras nuevas y se quedaban tan contentas. Pues ahora ocurre al revés: hay quien roba la a inicial a la acera convirtiendo en blando, sobre todo en verano, lo que siempre había sido duro.
martes, 3 de enero de 2012
Veintiún Japonesas
Éste es uno de esos errores que más a menudo oímos. Sólo nos salvamos cuando nos referimos a Las mil y una noches, la celebérrima recopilación de cuentos árabes. Y lo hacemos porque lo hemos oído siempre así, no porque pensemos en la concordancia antes de hablar.
Pero en los ochenta apareció un grupo musical en San Sebastián que se llamaba 21 Japonesas, así escrito, con números, y en todos los medios de comunicación se referían a él como Veintiún Japonesas en vez de Veintiuna Japonesas. Y así se quedó el grupo, con el número en masculino y el sustantivo en femenino. Con un par.
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