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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Añadir que

Este palabro es digno de los becarios de la radio que tienen su minuto de gloria en agosto. Acostumbran a terminar su intervención con un nada más, añadir que… Resulta que ese infinitivo necesita como el comer un compañero de expedición: tengo que añadir, debería agregar, quiero decir… Aquí se nota que el ahorro del lenguaje se realiza donde no se debe. Además, si empieza diciendo nada más, ¿por qué sigue hablando?

Un escrito muy interesante que me ha llegado

Contra la tontuna lingüística, un poco de gramática bien explicada
Yo no soy víctima de la LOGSE. Tengo 50 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En párvulos (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña". Luego, cuando eras un poco mayor, llegaba El Parvulito, un librito con poco más de cien páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto. Eso sí, en El Parvulito no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.
En Primaria estudiábamos Lengua Española, Matemáticas (las llamábamos "tracas" o "matracas"), Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Plástica (dibujo y trabajos manuales), Religión  y Educación Física. En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te suspendían.
En Bachiller, estudié Historia de España, Latín, Literatura y Filosofía.
Leí El Quijote y El Lazarillo de Tormes; leí las Coplas a la Muerte de su Padre de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda.
Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.
Y vamos con la Gramática. En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es "atacante"; el de salir es saliente; el de cantar es cantante y el de existir, existente. ¿Cuál es el del verbo ser? Es ente, que significa "el que tiene entidad", en definitiva, el que es. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación -nte.
Así, al que preside se le llama presidente y nunca presidenta, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
De manera análoga, se dice capilla ardiente, no ardienta; se dice estudiante y no estudianta; se dice independiente y no independienta; paciente, no pacienta; dirigente, no dirigenta; residente, no residenta.
Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son periodistos), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!
Porque no es lo mismo ser UN CARGO PÚBLICO que UNA CARGA PÚBLICA.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Cántabros y santanderinos

Tú vives en Santander, ¿no? ¿Pero en Santander Santander o en algún pueblo de por allí? Esta pregunta tan absurda ocurre sobre todo entre la gente que vive en ciudades que tienen el mismo nombre que la provincia a la que pertenecen (o incluso igual que la Comunidad, como Madrid). Pero no todas son así: Asturias, Cantabria, Vizcaya, Guipúzcoa, Álava o La Rioja son provincias cuyas capitales tienen un nombre diferente (Oviedo, Santander, Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Logroño). Así que si yo digo que vivo en Santander, no me puedo referir más que a la capital de Cantabria.
Y hay que analizar esa costumbre de decir las cosas dos veces, como si con una perdieran su valor: ¿Santander Santander? Ocurre mucho, sobre todo con esas palabras tan manidas que han perdido su significado original. Así, decimos que Manolo es mi amigo… ¡pero amigo amigo! Es decir, no un simple conocido. También tomamos café café cuando es de primera calidad o decimos que Manolo es tonto tonto porque realmente es un cretino sin parangón.

El Míguel

Extraña costumbre es ésta de convertir en llanos los nombres propios agudos. El Míguel, el Jose, el Dávid y el Jesus son los más habituales. Y siempre con ese artículo delante tan molesto y tan inútil. Sebastián, como es demasiado largo, se queda en el Sebas.
Con los nombres de mujer no ocurre lo mismo. Todo consiste en dejarlos en dos sílabas y acabarlos en i. Nos quedamos entonces con la Yoli, la Susi o la Pili.
Y no podía faltar un nombre que tiene su propia transformación, sin seguir regla alguna: Grabiel.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Porqué, por qué y porque

¿Por qué no me explicas el porqué de este tostón que estás escribiendo? Porque no es asunto tuyo. Ahí están los tres, cada uno en su lugar. Es fácil, más de lo que parece. Por qué implica una pregunta, aunque no es necesario que vaya entre interrogaciones (Me pregunto por qué Olea escribe esto). Para tenerlo claro, va así, separado y con acento, cuando lo podemos sustituir por por qué razón.
La respuesta a esta pregunta siempre comenzará con un porque mondo y lirondo, junto y sin tildes. ¿Por qué? Porque sí.
Y vamos con el tercero en discordia, porqué. Prueba a ponerlo en plural y, si puedes, es entonces éste el que tienes que utilizar.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Lo vi con mis propios ojos

De nuevo andamos con las redundancias. No sabía yo que existía la opción de ver con unos ojos distintos de los propios pero, vista la frase, parece ser que sí es posible. Supongo yo que entonces también habría que decir caminé con mis propias piernas, lo comí con mi propia boca o lo olí con mi propia nariz.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Latinos y americanos

Nos referimos muchas veces a los sudamericanos como latinos y a los estadounidenses como americanos. No está mal, porque no dejan de ser los unos latinos y los otros americanos. Pero no son los latinos y los americanos; no son todos ellos. Estamos tomando una parte por el todo. Nosotros, los españoles, también somos latinos, al igual que los italianos o los rumanos, porque hablamos una lengua derivada del latín. Y los pobres nicaragüenses y hondureños no son culpables de las barbaridades que hacen por allí arriba, por ejemplo, en Nueva York.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Cesar

Aquello a lo que llaman lenguaje políticamente correcto, yo lo denominaría lenguaje políticamente estúpido, porque de corrección anda bastante escaso, pero de estupidez va sobrado. Y si no, que alguien me explique esto: La Junta de Andalucía cesa al responsable de Educación. Supongo yo que queda feo decir destituir, y no digamos expulsar, así que lo cambian por cesar, que queda mucho menos brusco.
Cesar: dejar de desempeñar algún empleo o cargo. Destituir: separar a alguien del cargo que ejerce. Ahí se encuentra la diferencia: el cese es voluntario y la destitución, impuesta por (nueva horterada) los de arriba.

martes, 22 de noviembre de 2011

La primera vez que nos conocimos

Ésta es parecida a te lo repito otra vez; de nuevo se confunden y mezclan dos frases habituales (la primera vez que nos vimos y cuando nos conocimos) y, como resultado, aparece una redundancia colosal, porque el hecho de conocer a alguien ya implica que se trata de la primera vez. A no ser, claro, que se tenga memoria de pez.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Las antiguas pesetas

Que ya no utilicemos las pesetas no significa que sean antiguas. Este cliché se ha extendido tanto que cada día me pone más nervioso. Todos sabemos que las pesetas ya no están en circulación, así que sobra el adjetivo.
El coche me costó cuatro millones de pesetas. Esta frase la entiende hasta el más tonto sin necesidad de recordarle que ahora pagamos en euros.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Lo que viene siendo

A esto se le llama complicarse la vida. ¿Por qué no vamos al grano? Las cosas son, no vienen siendo. No podemos convertir en transitivo lo que no lo es. El idioma tiende al ahorro. El ser humano siempre ha ejercido la economía del lenguaje y, últimamente, se está marchando hacia el lado contrario. Mucho daño han hecho Los Serrano.
En otra serie de televisión, no sé en cuál, uno de los protagonistas pedía constantemente un poquito de por favor. Lo hacía, supongo, solicitando respeto o silencio, no sé. Caló la tontería entre los televidentes y hasta la DGT incluyó la fórmula en una de sus campañas (En la carretera, un poquito de por favor). Miedo me dio en su día este calado público, pero afortunadamente parece que la historia ha perdido la gracia y va quedando en el olvido.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Sino y si no

Uno de los errores habituales. Para el indeciso: hay que ponerse a pensar. Sino se utiliza para muchas cosas (equivale a destino, o a solamente), pero nos vamos a centrar en otra de esas funciones, cuando contrapone dos conceptos entre los que hay que elegir uno. Y es aquí en donde surge la duda de si escribimos sino o si no. Porque no es lo mismo escribir no bebe, sino fuma que no bebe si no fuma. En el primer caso hay que elegir (fuma, pero no bebe) y en el segundo está condicionando la bebida al tabaco.
Fácil, pero hay que pensar.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Perder la verticalidad

Una de las pedanterías habituales de los mayores pertinaces, los locutores deportivos. En vez de decirnos que un jugador se ha caído, nos sueltan la cursilada: ha perdido la verticalidad. Nunca dicen, y ojalá siga siendo así, de un jugador que se pone en pie tras caerse, que está renunciando a la horizontalidad.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Hasta lueguito

¿Desde cuándo admite diminutivo luego? Siempre sospecho que la persona que se despide de mí con este hasta lueguito es la misma que en Navidad me va a desear feliz salida y entrada y que hará constantemente el gesto de las comillas con los dedos.
No son válidas tampoco, por supuesto, estas dos estupideces que se me acaban de ocurrir: hasta siemprito y hasta nunquita.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Buffet de abogados

¿Muchos abogados comiendo a tutiplén o una mesa llena de abogados para que nos los comamos nosotros? La palabra buffet, de origen francés, tiene dos adaptaciones al español: bufé y bufete. Una, la primera y nuestra preferida, se refiere a esas mesas atiborradas de comida y la otra, a esos despachos llenos de señores muy bien trajeados (bufete a secas, no bufete de abogados, pues no pueden ser de otra profesión).

Honestidad

Dice un ministro que él no ha mentido y que no acepta que se ponga en duda su honestidad. Bien, gracias por la información, señor ministro. Ya sabemos dos cosas: que le gusta decir la verdad y que no se toca por las noches.
De toda la vida, la honestidad ha vivido al sur y la honradez (honrabilidad dirán ahora) al norte del cuerpo humano, pero parece que la frontera ya ha desaparecido.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Cállate la boca

Una redundancia absurda, porque no me puedo callar otra cosa que no sea la boca. Con decir cállate basta y sobra. ¿Por qué se dice tanto ésta redundancia y no otras? Porque no decimos deja de andar con los pies o no me mires con los ojos, sino deja de andar y no me mires.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Estimad@s amig@s

Cuando pensábamos que ya no se podía ir a peor, nos llegó por fin la horterada supina. Vamos a ver, que me aclare yo: ¿las mujeres que reciban una carta encabezada por un tradicional estimados amigos no se van a dar por aludidas?
Si yo escribo lo siguiente: “He estado con mis hermanos en Valencia”, ¿de verdad hay alguien que va a pensar que he estado en tierras levantinas sólo con mis hermanos varones? No digo con mis hermanos y mi hermana, porque se sobreentiende que he estado con todos ellos, pero jamás se me ocurriría escribir con mis herman@s.

martes, 8 de noviembre de 2011

Bricolage en el garage

Escribe, si dudas, que vas a hacer chapuzas en la cochera, y de esta manera te ahorrarás la barbaridad. Son galicismos que en español cambiaron la terminación –age por –aje. Suenan igual, pero se escriben distinto.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Haber si nos enteramos

Eso, a ver si nos enteramos de que no es lo mismo a ver que haber. De nuevo hay que pensar antes de escribir, y hay que hacerlo un poco más que en otros casos, porque aquí el verbo ver, con la preposición a delante, pierde parte de su significado. Además, esta frase no admite otro tiempo verbal, lo cual complica más el asunto.
La solución, como casi siempre, se encuentra haciéndose la pregunta: ¿Vemos si nos enteramos o habemos si nos enteramos?

domingo, 6 de noviembre de 2011

Problemas con la hache

No es lo mismo echo un polvo que hecho un polvo. De hecho, la segunda frase no tiene ni pies ni cabeza. Porque no es lo mismo hacer que echar. Si alguno se sentara a pensar un poco antes de escribir, tal vez tendría claro cuál de los verbos tiene que utilizar.
Cambia de tiempo verbal y verás qué fácil es. Elige entre eché un polvo e hice un polvo y encontrarás la solución.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Más mayor

La redundancia en el idioma forma parte de nuestras vidas sin que nos demos cuenta. Desde hace años oímos a la gente decir que baja abajo o sube arriba. En las críticas cinematográficas hablan del protagonista principal (protagonista ya indica principalidad), en la radio nos informan puntualmente de que son las doce del mediodía (al decir mediodía ya sabemos que son las doce) y conseguimos cosas totalmente gratis (como si fuera posible conseguirlas gratis en parte).
Uno no es más mayor que otro, sino mayor que otro. Si no decimos más menor, ¿por qué sí más mayor? No lo entiendo, la verdad.
Más ejemplos de redundancias absurdas: amigo personal, estrenar un coche nuevo, ser más líder, unanimidad total, estrictamente personal

viernes, 4 de noviembre de 2011

Te repito otra vez

Esta frase implica que el comentario ya se ha dicho al menos dos veces: la inicial y una repetición. Y ahora, con ésta, se suma una tercera. Sin embargo, suele pronunciarse a la segunda. Si solamente me lo has dicho una vez, ¿cómo me lo puedes haber repetido dos? Es una buena confusión entre “te lo digo otra vez” y “te lo repito”.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Especies y especias

Yo siempre he pensado que el comino era una especia, pero últimamente estoy empezando a dudar si es especia o especie, y ya no sé si colocarlo con el clavo, el tomillo y el orégano o si ubicarlo junto con los moluscos y restos de vertebrados que se refrescan en el congelador que hay en la cocina de mi casa.

martes, 1 de noviembre de 2011

Aivá

Y también aibá, haibá y haybá. De todas estas maneras lo he visto escrito en todos esos chistes sobre vascos que circulan por Internet. Pues ninguna es correcta. ¡Ahí va la hostia, que soy de Bilbao!
Por cierto, que hostia es con hache siempre, a menos que nos queramos referir a una ostra (en señal de aburrimiento, por ejemplo).