Dice un ministro que él no ha mentido y que no acepta que se ponga en duda su honestidad. Bien, gracias por la información, señor ministro. Ya sabemos dos cosas: que le gusta decir la verdad y que no se toca por las noches.
De toda la vida, la honestidad ha vivido al sur y la honradez (honrabilidad dirán ahora) al norte del cuerpo humano, pero parece que la frontera ya ha desaparecido.
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