Una locutora de radio bastante pedante se refirió el otro día a sus oyentes como escuchantes. Partió de la base la susodicha de que la gente estaba en sus casas o en sus coches pendiente de la radio, sin hacer ninguna otra cosa.
La diferencia entre oír y escuchar es la misma que existe entre ver y mirar: la atención que se presta.
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