Jamás pido paella en un restaurante, ni siquiera en una arrocería. En tierras valencianas sí, pero sólo si algún autóctono me ha dado referencias del local. ¿Por qué? Pues porque es habitual que el arroz esté pasado y porque lo que sirven suele ser cualquier cosa menos paella.
La paella, para empezar, es el recipiente en el que se cocina el arroz. Recipiente que con el tiempo ha pasado a llamarse paellera, porque el contenido ha usurpado el nombre al continente. Y después, diferentes variantes arroceras han quitado ese mismo nombre al famoso plato valenciano, y en vez de conejo, pollo, garrofones y mis queridos caracoles, el arroz viene acompañado de cualquier cosa, incluso de marisco.
Hay que desconfiar de los restaurantes que sirven paella mixta. Si no saben ni cómo se llama el plato, ¿estás seguro de que lo sabrán cocinar?
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