Vino el otro día un fontanero a eliminar la piscina que se había formado en la cocina de mi casa. Mientras desmontaba toda suerte de tubos que había bajo el fregadero y cuya utilidad a mí se me escapa, aprovechó para enseñarme la raja del culo (obligatorio en cualquier fontanero que se precie) y para informarme repetidamente de lo mal que estaba el bote sinfónico. Comoquiera que los ruidos que de allí salían eran de todo menos sinfonías, supuse que se refería al bote sifónico, cacharro que tampoco sé lo que es ni para lo que sirve, pero que me suena que existe y que está por ahí, por debajo del fregadero.
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